Ande yo caliente y ríase la gente. Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Dime con quién andas y te diré quién eres…
Querida mía:
Hoy toca hablar de quién y de la gente. Verás, estoy hasta las pelotas de todas las frases que decimos cuando no queremos decir algo y lo enmascaramos con estas impersonalidades. Pueden incluirse también las alusiones a “la empresa”, “el partido” y a los manoseados “un día” y “a ver si” sin olvidar al ínclito “¿Y si…?”.
Esta tarde me han vuelto a acusar, juzgar, sentenciar y ejecutar con unas cuantas vaguedades escondidas detrás de palabras como las citadas en cursiva o entre comillas. No me han reunido el valor para ponerle a todo eso ni un solo nombre, ni una sola fecha y, ni mucho menos, un argumento. En contra, se ha apostillado con un “ya te enterarás”. Y digo yo “pues como tenga que enterarme con esa información, voy de culo” porque mi cociente intelectual no da para tanto.
Me han advertido de que mis colegas, mis conocidos, mis allegados y otros individuos que al parecer he reconocido en mi entorno más afín, se han aventurado a rajar y despotricar de mí ahora que se han enterado de mi nueva situación. Es curioso que hayan guardado silencio durante todo este tiempo, para venir a cobrar venganza cuando en teoría el árbol está ya caído y solo queda escupir sobre él.
Pues bien, me la suda, hablando pronto, mal y claro. No sé si se dan cuenta de que ese comportamiento solo les beneficia por elevar su mejor calificativo al concreto de “rastrero”. Si yo estuviera en el lado que presta el oído, me rasgaría las vestiduras al recibir la valiosa información que deja a la altura del betún al interfecto y a la altura de la idiotez al receptor. Que vayan a insultar a su puta madre…
Lejos de esto, nos encontramos con la persona doliente, ávida de victimismo, recociéndose en su propia amargura golpeándose el pecho con una piedra para purgar las afrentas recibidas durante un tiempo más o menos largo, sin conocimiento siquiera de su existencia.
“La empresa ha decidido prescindir de sus servicios”. Venga ya, cobarde hijo de puta, di que vas a meter al marido de tu querida para tener controlados sus horarios y de carambola te quitas al capullo que evidencia tus incompetencias, tus mangoneos y tu complejo de inferioridad escondido en un puestecillo que te permite escupir los pelos que te has tragado comiéndole el rabo a tu inmediato superior.
“El partido ha decidido aceptar la dimisión de …”. ¿De quién, del que se pasó metiendo la mano en la caja y va a servir de chivo expiatorio para todos los demás chorizos que le obligaron a sacar la sardina de las ascuas, o del que votó en contra una propuesta para cargarse al único que demostraba tener algo de sentido común?
“Un día de estos quedamos y nos tomamos algo”. Ya, una mierda pinchada en un palo. Es verdad, categóricamente, que esta es la frase que se dice cuando no quieres tomarte nada con el pedorro o la pedorra que te saluda por la calle solo por hacer el paripé mientras afila el cuchillo que te clavará por la espalda, justo donde esta pierde su nombre.
“¿Y si te pilla un autobús?”. Pues si me pilla un autobús, tendré por unos segundos la sensación de estar vivo para luego estar menos muerto de lo que estoy ahora mismo, dejando de hacer lo que tengo que hacer por tener miedo de salir a la calle. Que tengan miedo ellos, los violadores, los asesinos, los proxenetas… porque les estaremos esperando para hacer justicia de una vez por todas.
Vale, es verdad que en esta carta mi lenguaje supera con creces los límites de lo soez, pero no se pueden escribir dulces o sutiles palabras cuando el contenido provoca arcadas y los paños calientes han pasado a formar parte del patrimonio de “los otros”.
Y sí, me has pillado. En esta carta yo también hablo de la gente y no escribo un solo nombre. Ni tan siquiera el mío. Yo también soy un cobarde, pero solo por el tiempo que me lleve conocer a mis enemigos para poder enfrentarlos cara a cara, portando un espejo que les devuelva su amarga realidad.
Querida mía:
Hoy toca hablar de quién y de la gente. Verás, estoy hasta las pelotas de todas las frases que decimos cuando no queremos decir algo y lo enmascaramos con estas impersonalidades. Pueden incluirse también las alusiones a “la empresa”, “el partido” y a los manoseados “un día” y “a ver si” sin olvidar al ínclito “¿Y si…?”.
Esta tarde me han vuelto a acusar, juzgar, sentenciar y ejecutar con unas cuantas vaguedades escondidas detrás de palabras como las citadas en cursiva o entre comillas. No me han reunido el valor para ponerle a todo eso ni un solo nombre, ni una sola fecha y, ni mucho menos, un argumento. En contra, se ha apostillado con un “ya te enterarás”. Y digo yo “pues como tenga que enterarme con esa información, voy de culo” porque mi cociente intelectual no da para tanto.
Me han advertido de que mis colegas, mis conocidos, mis allegados y otros individuos que al parecer he reconocido en mi entorno más afín, se han aventurado a rajar y despotricar de mí ahora que se han enterado de mi nueva situación. Es curioso que hayan guardado silencio durante todo este tiempo, para venir a cobrar venganza cuando en teoría el árbol está ya caído y solo queda escupir sobre él.
Pues bien, me la suda, hablando pronto, mal y claro. No sé si se dan cuenta de que ese comportamiento solo les beneficia por elevar su mejor calificativo al concreto de “rastrero”. Si yo estuviera en el lado que presta el oído, me rasgaría las vestiduras al recibir la valiosa información que deja a la altura del betún al interfecto y a la altura de la idiotez al receptor. Que vayan a insultar a su puta madre…
Lejos de esto, nos encontramos con la persona doliente, ávida de victimismo, recociéndose en su propia amargura golpeándose el pecho con una piedra para purgar las afrentas recibidas durante un tiempo más o menos largo, sin conocimiento siquiera de su existencia.
“La empresa ha decidido prescindir de sus servicios”. Venga ya, cobarde hijo de puta, di que vas a meter al marido de tu querida para tener controlados sus horarios y de carambola te quitas al capullo que evidencia tus incompetencias, tus mangoneos y tu complejo de inferioridad escondido en un puestecillo que te permite escupir los pelos que te has tragado comiéndole el rabo a tu inmediato superior.
“El partido ha decidido aceptar la dimisión de …”. ¿De quién, del que se pasó metiendo la mano en la caja y va a servir de chivo expiatorio para todos los demás chorizos que le obligaron a sacar la sardina de las ascuas, o del que votó en contra una propuesta para cargarse al único que demostraba tener algo de sentido común?
“Un día de estos quedamos y nos tomamos algo”. Ya, una mierda pinchada en un palo. Es verdad, categóricamente, que esta es la frase que se dice cuando no quieres tomarte nada con el pedorro o la pedorra que te saluda por la calle solo por hacer el paripé mientras afila el cuchillo que te clavará por la espalda, justo donde esta pierde su nombre.
“¿Y si te pilla un autobús?”. Pues si me pilla un autobús, tendré por unos segundos la sensación de estar vivo para luego estar menos muerto de lo que estoy ahora mismo, dejando de hacer lo que tengo que hacer por tener miedo de salir a la calle. Que tengan miedo ellos, los violadores, los asesinos, los proxenetas… porque les estaremos esperando para hacer justicia de una vez por todas.
Vale, es verdad que en esta carta mi lenguaje supera con creces los límites de lo soez, pero no se pueden escribir dulces o sutiles palabras cuando el contenido provoca arcadas y los paños calientes han pasado a formar parte del patrimonio de “los otros”.
Y sí, me has pillado. En esta carta yo también hablo de la gente y no escribo un solo nombre. Ni tan siquiera el mío. Yo también soy un cobarde, pero solo por el tiempo que me lleve conocer a mis enemigos para poder enfrentarlos cara a cara, portando un espejo que les devuelva su amarga realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario