Vacaciones

Decía un tal B. Franklin que el tiempo es el material de que está hecha la vida y el mío pasa entre acciones, sentimientos y pensamientos. Ese ciclo de pensar, sentir y actuar que nos da el desarrollo cognitivo, emocional y conductual. Ahora solo falta compartirlo para no caer en el ostracismo.

Volando sobre el mediterráneo, cerca de mi imaginación.

Querida mía:

Hace tiempo que no te escribo, lo sé. He preferido sentirte a mi lado y compartir contigo cada minuto de soledad en lugar de irte escribiendo todas las anécdotas que, irremisiblemente, me llevan a ti. En realidad, todo me lleva a ti. Siempre te imagino poniendo caras, sonriendo o reprochándome todas esas cosas que al final me hacen ser único y por las que declaras estar enamorada de mí. Como soy yo el que imagina, nuestras discusiones apenas duran unos segundos y terminan siempre con un tierno beso que me hacen volver a la realidad al abrir la boca y notar el aire resecando mi lengua.

No sé si contarte las singularidades de estas vacaciones, las nuevas experiencias de mi hijo, mi multipolaridad, mi irritabilidad, ese hueco que me queda en el alma cada vez que me vacío…

No sé si hablarte de Pau, no sé qué cara pondrás ni qué comentarios harás sobre ello, pero tratándose de ti, espero una mirada tierna mientras me contemplas desde el más allá, el lugar donde solo yo te veo, donde te imagino, de donde espero que un día salgas para tomar el cuerpo de una ninfa o una sirena que me reclame como reclamaban a Ulises en su viaje de vuelta a casa. Yo no volvería. Soy demasiado débil. Pudiste haber sido Pau…

En este caso me ha venido bien un poquito de humildad. Verás, tú sabes que odio a los argentinos y a los italianos. El lado femenino no salía tan mal parado pero es normal, soy hombre. Ayer firmaron una agridulce derrota al conseguir la medalla de plata en los mundiales de fútbol. Me pareció horroroso que le dieran a Messi el balón de oro cuando no fue, ni por asomo, el mejor del campeonato. Esto del deporte rey cada vez me parece más circo y menos deporte. Puestos a elegir piernas, me quedo con las de las trapecistas búlgaras. Por cierto, el otro día me enteré de que el búlgaro es un idioma y yo…un idiota.

Sí, todavía no te he hablado de Pau y no dejo de marear la perdiz, pero reconozco que me da cierta vergüenza contarte esto. Ah, sí, te estaba hablando de los argentinos, esos fantasmones que presumen de fútbol, de ser unos maestros con las raquetas, de cortejar como nadie, de ser cirujanos, arquitectos e ingenieros (todo en uno con la misma carrera universitaria), de poseer ganado y tierras que no alcanza la vista en ninguna de las cuatro o cinco dimensiones (por lo menos) y de las salsas que le ponen a sus carnes a la parrilla. Los yanquis, los únicos más chulos que ellos, la llaman barbacoa. Las argentinas, para lidiar con algo así, no pueden sino mostrarse soberbias, faltonas y merecedoras, cuando menos, de un príncipe o un dentista como dice el Lichis en “la lista de la compra”.

Mira por dónde Pau solo tiene veinticuatro años. Fumaba un cigarrillo a la puerta del restaurante donde trabaja, cuando me acerqué a preguntarle por la salida más rápida hacia el aeropuerto. Su respuesta se inición con un “ehhhteeeee….” y yo sentí unas ganas increíbles de correr hacia una farmacia a comprar sal de frutas. No lo hice porque era delgada, morena, guapísima, con un delantal blanco que por algún lado dejaba entrever unas preciosas y bronceadas piernas. Incomprensiblemente, fue amable, simpática, sensual y humilde, mientras mostraba cierta tristeza en esos ojos que miraban reclamando una desinteresada ternura. Tras las explicaciones, se presentó, me plantó dos besos y compartió conmigo todo el tiempo que permite un cigarro más que aprovechado, casi hasta quemar los labios. Gracias a que su jefe la reclamó y a que mi hjo me esperaba en el coche, pude salir de la isla sin tenerme que quedar a vivir con ella porque, en lo que dura un cigarrillo, me embrujó, me desarmó, me encendió, y me rogó volver a ver estos ojitos, que se quedaron tan tristes como una canción de Gary Moore, tan “blues”, como el mar que nos separaría en apenas unas horas. Se despidió con un beso y yo, lejos de recordar el mejor camino al aeropuerto, casi me pierdo, física y emocionalmente.

Por no soltarme de la península, olvidé pedirle su número de teléfono, prefiero quedarme con la casa invertida a la entrada del parque y ese nombre que ya no podré olvidar, tan mallorquín, tan espiritual y tan propio para la ocasión que solo se podría llamar Sanima. Desde luego a mí me animó más en un cuarto de hora que todas las Merkel y las Schiffer que vi en las playas de muro. Para seguir escribiéndote detrás de esta coherente paranoia, uso a Pau para acariciarte el cuello, meter mis dedos en tu melena, sentir tu piel mientras me acerco a tu cara y besarte en los labios sin el carmín que se ha llevado la colilla caída en el asfalto.

Atrás quedan cuerpos esculturales cubiertos por rubias melenas, inmóviles al sol tras unas gafas verdes de espejo, el lujo, el glamour y mi indiferencia ante los coches deportivos americanos, yates, fuerabordas y lanchas rápidas que se cuelan entre los mástiles de mil veleros atracados en el muelle o echándose a la mar, playas infinitas de arena blanca y un mar de aguas transparentes tibias como caldos olvidados, calas entre acantilados flanqueadas por naturales obeliscos que se quieren asomar entre las nubes, Sa Calobra, S´Amarador…curvas imposibles de camino a Formentor, cabras silvestres que se atreven incluso a posar para una foto, castillos desafiantes sobre conglomerados, limolitas y las calizas que fabrican caprichosas columnas en cada karst, el estruendo de las olas rompiendo bajo la luna llena contra las oquedades de las rocas y ese verde intenso de las hojas de las palmeras, los pinos y la hierba en mi jardín. Atrás queda la catedral, la plaza mayor, un museo de Dalí, la Lonja y las fachadas góticas de la plaza del mercado, la muralla, mil fotos de familia rota con el fondo verdiazul, verde como la esperanza y azul (blue) como mis ojos, tristes por no verte, tristes como el cielo y el mar que nos unen y nos separan, como esa canción que tarareo si te recuerdo, como todo cuando no estás tú.

Atrás quedan Pau, Mallorca, y toda una vida contigo sin ti. Quizás te vea en el aeropuerto, en el avión, robándome un taxi o mirándome en el metro. Por si acaso, este boludo te hará un chiste, jugará con los mariscos, las conchas, las jodas, te ofreceré un pucho, te confundiré hasta creerte hueca y justo antes de que te las tomes, te tomaré y te cogeré mientras te doy más de un chupón.

Querida mía, ve con Dios. Yo iré con vos.

2 comentarios:

  1. Mirá gallego: A Messi le dieron un premio inmerecido, pero a ustedes le rompieron el culo con 5 pepas y todavía le debe estar doliento el orto.
    De un odioso argentino a un odioso gallego. (Acá le decimos gallegos a todos los españoles)

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  2. me quedo embobada leyendo ... que no se te suba a la cabeza :P

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