El detalle

   Según dicen, el cuerpo humano es un setenta y cinco por ciento de agua (más o menos), que la cara es el espejo del alma, que aquellos que no tienen espíritu son un trozo de carne con ojos y, los más radicales, que el cuerpo es la parte inservible de los genitales. A mí me gustan los detalles…incorpóreos.

Con los colores de la selección, por bochorno, mirando hacia lo más profundo de tu alma

Querida mía:

Hoy he escuchado que Paquito, ese cura que viste de blanco, “con gesto de humildad” ha reconocido que le gustaría ser recordado como “un buen tipo que hizo lo que pudo”. ¡Joder, la cagamos, Luis! (que dijo Carlos Sainz). Que diga yo eso (lo del buen tipo) bien estaría, pero que lo diga Paquito … ehhteeee …vihhteeee. ¿Para qué cojones han elegido los católicos a un cura y lo han vestido de blanco si la caga como la cagó Casillas tocándola con el pie? A ver, se supone que, tanto Casillas como Paquito, son modelos, que marcan un camino, que la gente pretende seguir sus pasos. Pues bien, Paquito debió completar la puta frase para no caer en el egocentrismo y decir “me gustaría que me recordaran como un buen tipo, que hizo lo que pudo….como yo haré lo que pueda para mejorar, aunque solo sea un poquito, este mundo que le voy a dejar a mis hijos” Ese es el mensaje que tiene que dejar un líder, un mensaje de proyección y continuidad sobre todos sus seguidores. Sí, Paquito, la has cagado, so pendejo, a nadie le importa que seas un buen tipo si no vas a dejar alguna semilla que dé sombra el día de mañana.

Para mí la importancia de estos detallitos es crucial. Por poner algunos ejemplos, el oxígeno forma parte del aire que respiramos en un veintiuno por ciento, por lo tanto no tiene mayoría absoluta, la tiene el nitrógeno con el setenta y ocho, pero si la proporción del oxígeno varía en un uno o un dos por ciento, el desastre es total. Con el dióxido de carbono (CO2) la cosa es más gráfica. Tiene minoría absoluta (como Robe Iniesta en su disco del 2002 que yo recomiendo encarecidamente escuchar) pero pequeñas variaciones de esta presencia en la atmósfera nos está poniendo contra las cuerdas: efecto invernadero, subida de la temperatura global del planeta, cambio climático, tratado de Kyoto… por un mísero uno por ciento.

En el cuerpo humano, los oligoelementos participan en una proporción de cinco por diez mil y afectan a nuestro tiroides, a nuestro hígado y a todos esos órganos y glándulas que nos hacen estar de buen o mal humor, sentirnos cansados o eufóricos e inciden fundamentalmente en nuestro comportamiento social. Y hablando de comportamiento social, tengo que rasgarme las vestiduras cuando me entero de que, para la coronación de Felipito como nuevo rey de España, han sacado pastilleros, pañuelos, galletitas y hasta combinados alcohólicos para recordar la memorable celebración de tan singular gilipollez. Y yo me pregunto: ¿qué puto oligoelemento hemos perdido de forma colectiva para que nos volvamos de repente gilipollas y nos centremos en un acto tan anodino como ponerle una mierda de corona a un nuevo “cero a la izquierda” que no necesitamos para exportar la marca España?

Mientras sufrimos por la selección, don Mariano prepara una batería de medidas, con un abanico de amplio espectro que nos vuelva a dar por culo durante una de las cuatro décadas que ya logró su maestro. Casi prefiero que la selección chilena nos meta otra manita por el culo para que a don Mariano le salga rana el intento y se encuentre con la Moncloa asediada por algunos insurrectos que demuestren que no todos los oligoelementos se han perdido.

Me alegro de que los mejores artistas del jueves hayan decidido ir por libre y luchen por sacar una publicación que no obedezca a la censura de la casa real. Brindo por ellos y por todos los buenos tipos que hacen lo que pueden porque el mundo sea un poquito mejor de lo que nos hemos encontrado, por mucho que vayamos a necesitar varias generaciones para recuperar algo de los desastres que hemos venido sembrando, en lo ambiental, en lo social y en lo humanitario.

Ya ves, querida mía, yo me quedo con tus ojos cuando me miran, con tu boca cuando me dice un te quiero, con tus manos acariciando mi cara, con tus labios besándome, con tus lágrimas, tu aliento, tu deseo, tu ternura, tu rabia por una injusticia, con todo eso que seguramente no es más que una ínfima parte de los veintiún gramos que pesa tu alma.

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