#extremoduro Muy Extremo

¡¡¡¡Ama, ama, ama y ensancha el alma!!!!

En la cruz, junto a la otra del monte del olvido después de la gran noche.

Querida mía:

No diré que soy seguidor incondicional de estos irreverentes desde el principio de los tiempos. Como a la mayoría, mi devoción me llegó con la grabación de agila, si bien muchas canciones de sus primeros discos ya me gustaban. Luego, retomé la primera parte de su discografía y llegué incluso a los tiempos de Platero. Como tú también eres fiel admiradora de ellos, no te hará falta tirar de google para entender lo que quiero decir cuando cite una frase de alguna de sus letras.

Ya he asistido a varios de sus conciertos y tengo que reconocerles la entrega de que hacen gala en directo. En el último se han pegado tres horas intercalando un descansito de veinte minutos. La puesta en escena también me gustó mucho. No te lo voy a contar por si te da por ir a verlos a lo largo de la gira que tienen prevista para este año. Lo peor han sido los precios de la barra (siete eurazos por un maceto de cerveza) y la falta de previsión a la hora de instalar urinarios, más que nada porque tuve que terminar enseñándole la chorra a la mitad de la concurrencia y no es plato de gusto, al menos para la parte femenina. Espero que tomen buena nota para mejorarlo en adelante.

De este grupo me gusta casi todo. Como Robe es tan feo, hasta las niñas le prestan atención a las letras y es ahí donde este rebelde lo borda. En el argumento se parece un poco a mí, es decir, lo hace como le da la gana, soltando un taco si se lo pide el cuerpo y protestando contra el sistema tachándolo de hipócrita, egocentrista, endogámico y hedonista si me apuras. Aparte, esconde un lamento, ternura y espíritu inconformista, sostenido en el desamor. Seguramente muchos se han roto la garganta terminando la frase "me subo a lo más alto de la locura, me encuentro a mi princesa hablando con la luna, echándose carreras…".

Las niñas tampoco se fijan mucho en mí. Me reconocen buena gente, sensible, hablador y protestón, por eso, de cada canción suscribo al menos el ochenta por ciento del contenido. Robe lo hace en verso, con esas rimas asimétricas, callejeras y espontáneas  que evidencian romanticismo y pasión. Yo lo hago peor y en prosa, pero gano muchísimo menos dinero, es más, no gano un puto duro y hago encaje de bolillos para llegar a fin de mes. ¡Qué despropósito, que este mundo no pague al mejor de sus traidores, mira que Viriato me lo enseñó claro! Y yo, como buen Viriato y buen idiota me juego el tipo mirándote a los ojos.

El grupo nos regaló un tema aún inédito acerca de la rana que estaba cantando debajo del agua, soñando con ser príncipe. Otra vez me volví a ver reflejado bajo el agua turbia del charco y enlazando con otra de sus frases, perdidito me encontré a una princesa, me encontré entre sus labios cuando besan (justo después de ganar la carrera con la luna) y me pusieron una corona, como mandan los cánones, esta vez de espinos. Por un tiempo me sentí príncipe hasta que desapareció y, dando saltos, me volví a esconder entre los juncos y ahí, veo a miles de sapos pidiendo besos, a otros miles corriendo a esconderse bajo el agua, a miles de princesas arrodilladas buscando a mis congéneres y a otras miles comiendo moscas, solo por joder. Yo, sigo mirando a la luna, por si detrás de ella saliera amapola, me cogiera la mano y dijera que sola no comprende la vida, no… y me pidiera, más, más, más, más, dame más…

Pero qué va, en lugar de eso, sangre negra de esta herida brota y lo seguirá haciendo hasta que vengas a coserme el alma. Sé que he perdido batallas, pero no me amarga el sabor de la derrota, del fracaso ya he sido compañero, me acurruco al calor de mis pelotas y me fijo en cómo les crece el pelo, porque ya no soy un sapo, ya, aunque renqueante, me alejo por el camino de las utopías, tortuoso, estrecho, lleno de saltos de fe y dejando atrás espejismos, esperándote mientras camino, esperando como esperó Prometeo, viviendo a veces en stand by y no perdiendo el tiempo,  gastándolo en salir, beber, el rollo de siempre, hablar con la gente, llegar a la cama y joder que guarrada sin ti…

Quisiera regalarte algo, aunque fuera solo una piedra, más como no sé dónde estás, enviaré un mensaje por el móvil con un te quiero, por si lo recoges de camino al satélite. En él va mi espíritu imperecedero.

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